Por: AFP .   17 octubre
La calificadora proyecta que los efectos negativos de la incertidumbre en el acuerdo por el Brexit se verán intensificados por la pandemia, que ya obligó al primer ministro Boris Johnson a retroceder a medidas duras para la contención de los contagios. Foto: AFP
La calificadora proyecta que los efectos negativos de la incertidumbre en el acuerdo por el Brexit se verán intensificados por la pandemia, que ya obligó al primer ministro Boris Johnson a retroceder a medidas duras para la contención de los contagios. Foto: AFP

La agencia calificadora Moody’s redujo el viernes 16 de octubre la nota crediticia del Reino Unido, de Aa2 a Aa3, aduciendo un crecimiento económico más débil de lo esperado y los riesgos planteados por el Brexit.

“La fortaleza económica del Reino Unido ha disminuido desde que rebajamos la calificación a Aa2 en setiembre de 2017”, explicó Moody’s en un comunicado.

"El crecimiento ha sido significativamente más débil de lo esperado y es probable que siga siéndolo en el futuro", un comportamiento "exacerbado por la decisión de abandonar la Unión europea (UE) y por la posterior incapacidad del Reino Unido para llegar a un acuerdo comercial con la UE", señaló.

La economía británica también se verá "dañada por las cicatrices que probablemente sean el legado de la pandemia del coronavirus, que ha afectado gravemente" al país, añadió.

La perspectiva de la deuda cambió de negativa a estable y la agencia también rebajó la calificación del Banco de Inglaterra a Aa3 con perspectiva negativa.

Las negociaciones post Brexit entre Londres y Bruselas, abren la posibilidad de que el divorcio previsto para el 31 de diciembre termine de manera amarga.

La agencia de calificación dijo que incluso un acuerdo comercial con la UE para fin de año "probablemente tendrá un alcance limitado y, por lo tanto, la salida del Reino Unido de la UE, en opinión de Moody's, continuará presionando a la baja la inversión privada y el crecimiento económico".

El negociador europeo, Michel Barnier (en la imagen), quien debe viajar a Londres la próxima semana, y su homólogo británico David Frost, tuvieron una videoconferencia y
El negociador europeo, Michel Barnier (en la imagen), quien debe viajar a Londres la próxima semana, y su homólogo británico David Frost, tuvieron una videoconferencia y "acordaron hablar el lunes sobre el formato" de las negociaciones, anunció en Twitter un portavoz del ejecutivo europeo. Foto: AFP
Punto muerto

El Reino Unido y la Unión Europea discutirán el lunes 19 de octubre el “formato” de sus negociaciones sobre la relación comercial posbrexit, actualmente en punto muerto, pese a que el primer ministro británico, Boris Johnson, planteó la amenaza de un “no acuerdo” potencialmente devastador para la economía.

“Han renunciado a la idea de un acuerdo de libre comercio, no parece haber ningún avance por parte de Bruselas”, afirmó Johnson en una intervención televisada un día después de que los líderes europeos volvieran a pedir a Londres que haga concesiones.

“Así que les decimos ‘vengan a vernos si hay un cambio fundamental de enfoque, de lo contrario estamos dispuestos a hablar de los aspectos prácticos’” de una separación brusca, agregó.

Esto implicaría la aplicación de aranceles y cuotas a partir del 1° de enero y un caos sin precedentes en los puertos británicos. “Aún así estoy seguro de que prosperaremos”, aseguró Johnson en una rueda de prensa posterior.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, había señalado que sus negociadores viajarían a Londres la próxima semana como estaba previsto.

Pero un portavoz de Downing Street advirtió que “sólo tiene sentido” si Barnier “está dispuesto a discutir todas los temas (...) de forma acelerada”.

Pesca y subvenciones

Tras años de retrasos y caos político, el Reino Unido abandonó oficialmente la UE el 31 de enero.

Pero hasta finales de diciembre se encuentra en un periodo de transición destinado a negociar con Bruselas un acuerdo comercial que rija sus futuras relaciones.

Sin embargo, tras las nueve rondas de conversaciones formales celebradas desde marzo, y los intensos contactos de las últimas semanas, sigue sin haber resultados sobre los principales desacuerdos.

A cambio de un acceso al mercado único, los europeos exigen a los británicos poder seguir pescando en sus aguas y limitar sus subvenciones públicas a empresas privadas.

Ambas partes coinciden en que el acuerdo debería cerrarse en octubre para que pueda ser ratificado a tiempo.

Pero Johnson había puesto como límite el jueves 15, primer día de la cumbre europea, mientras que la UE se mostraba partidaria de seguir negociando hasta finales de mes.

Nadie quiere pestañear primero

Algunas señales habían indicado en las últimas semanas que las posiciones podían moverse: Barnier pidió a los países pesqueros de la UE –encabezados por Francia– que flexibilizaran sus posturas y Frost dio a entender que aceptaría un mecanismo de arbitraje sobre subvenciones públicas.

Pero en el momento crítico cada parte han querido mostrar que no será la primera en pestañear.

“El problema está lejos de ser únicamente la pesca, es mucho más fundamental”, lamentó el viernes 16 el presidente francés Emmanuel Macron, dejando “muy claro” que pese a la disposición de seguir negociando “no sacrificaremos cualquier interés y no sacrificaremos a nuestros pescadores”.

La cumbre europea llamó el jueves a Londres a ceder en unos términos que una fuente diplomática reconoció después como “no suficientemente equilibrados”.

Intentando matizar, la canciller alemana Angela Merkel admitió después que ambas partes deberían estar dispuestas a hacer concesiones para que el acuerdo sea posible.

Pese a todo, los británicos resultaron “decepcionados y sorprendidos”, aseguró el ministro de Relaciones Exteriores, Dominic Raab, al canal Sky News.

Aunque después dejó un puerta entreabierta: “se puede llegar a un acuerdo, pero tiene que haber flexibilidad por ambas partes”, dijo a la radio BBC.

Johnson está bajo fuerte presión ante las catastróficas consecuencias económicas que tendría una ruptura brutal, para la cual las empresas británicas no están preparadas.

Especialmente en poco más de dos meses y cuando la segunda ola de coronavirus podría estar arrasando Europa.

El golpe sería también duro para unas economías de la UE ya muy castigadas por la pandemia.