Por: Jeanna Smialek, Jack Ewing y Ben Dooley.   19 julio
Una recesión está lejos de ser inevitable, en particular una tan profunda y dolorosa como la última. No obstante, se ha entorpecido la capacidad para poner en marcha el tipo de respuesta decisiva que evitó un resultado todavía peor en 2008.
Una recesión está lejos de ser inevitable, en particular una tan profunda y dolorosa como la última. No obstante, se ha entorpecido la capacidad para poner en marcha el tipo de respuesta decisiva que evitó un resultado todavía peor en 2008.

Los banqueros centrales tienen un mantra favorito: repara el techo mientras el sol está brillando.

Sin embargo, diez años después de que la Reserva Federal trabajó junto con el Banco Central Europeo y el Banco de Japón a fin de rescatar a la economía mundial del abismo, su capacidad para evitar la siguiente recesión es limitada.

Mientras la economía mundial muestra señales de contracción, cada vez es menos hipotética la pregunta de si los bancos centrales del mundo están preparados para combatir otra depresión. Las probabilidades de que Estados Unidos entre en una recesión el próximo año aumentan a medida que la manufactura se debilita y la incertidumbre comercial sigue su curso. En Alemania, la tasa de desempleo aumenta y la producción industrial se desacelera. En Japón, la débil producción en las fábricas y el declive de las exportaciones incrementan su vulnerabilidad.

Una recesión está lejos de ser inevitable, en particular una tan profunda y dolorosa como la última. No obstante, se ha entorpecido la capacidad para poner en marcha el tipo de respuesta decisiva que evitó un resultado todavía peor en 2008. En aquel entonces, los bancos centrales redujeron las tasas, compraron bonos, extendieron el respaldo del gobierno a los productos financieros, prestaron dinero a los bancos y en algunos casos realizaron trabajos coordinados con las autoridades gubernamentales para garantizar que sus paquetes de rescate no funcionaran con objetivos contradictorios. Un periodo de experimentación sin precedentes que salvó a economías que estaban a punto de colapsar.

Sin embargo, hoy, en Japón y Europa, las tasas de interés permanecen bajo cero. En EE. UU., han alcanzado estándares históricos a la baja, lo cual deja menos espacio para reducirlas en una crisis. La mayoría de los bancos centrales sigue teniendo grandes cantidades de bonos y otros valores que compraron para apuntalar sus economías la última vez, lo cual podría dificultar un nuevo atracón de compras y disminuir sus efectos.

La política monetaria también está a la baja en cuanto a credibilidad. Los principales bancos centrales no han logrado llegar a sus metas de inflación del 2% durante esta expansión, lo cual ha elevado el riesgo de que los precios caigan de manera peligrosa en la próxima crisis. Además, aunque las promesas de tasas de interés más bajas durante más tiempo han sido una importante fuente de estímulo en años recientes, esas garantías podrían perder parte de su fuerza en un mundo en el que los inversionistas ya esperan tasas bajas todo el tiempo.

Estas limitaciones son preocupantes en una época en la que los gobiernos muestran poco apetito por trabajar juntos para contrarrestar una desaceleración mundial. EE. UU. y Europa están en medio de una disputa comercial ocasionada por el presidente Donald Trump, quien ha criticado al Banco Central Europeo (BCE) por tomar medidas para proteger la economía de la eurozona y lo acusó de intentar debilitar el euro para poner en desventaja a Estados Unidos.

Los bancos centrales insisten en que están preparados para actuar con agresividad si estalla otra recesión. El BCE está preparado para estimular a la eurozona, y la Reserva Federal está dando señales de que pronto podría reducir las tasas de interés para tratar de adelantarse a los riesgos crecientes en EE. UU.

Pero economistas de todo el mundo aseguran que los bancos centrales ya no podrán actuar como salvadores únicos la próxima vez que haya una recesión. Esa realidad está en conflicto con las restricciones políticas en Estados Unidos y Europa, donde los legisladores podrían no tener la capacidad o no estar dispuestos a desplegar con rapidez paquetes costosos de estímulos.

Poca capacidad

“La política fiscal debe tener un papel mucho más activo, y aún no está equipada para hacerlo”, comentó Olivier Blanchard, execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional. En lo que respecta a las políticas monetarias, “es claro que no hay capacidad suficiente para responder siquiera a una recesión común y corriente”, señaló.

Christine Lagarde, quien ha sido nominada para suceder a Mario Draghi como directora del Banco Central Europeo y actualmente dirige el FMI, ha advertido que es probable que los bancos centrales sean la principal línea de defensa a causa de las limitaciones fiscales.

“La elevada deuda pública y las bajas tasas de interés han dejado a muchos países con un espacio político limitado para maniobrar”, explicó Lagarde en un blog. Agregó que, en caso de una recesión, las naciones van a necesitar usar sus herramientas económicas en conjunto, con “un alivio monetario decisivo y estímulos fiscales donde sea posible”.

El crecimiento económico mundial se ha restablecido con lentitud después de una recesión profunda, y apenas a inicios de 2018 comenzó una expansión internacional coordinada. Sin embargo, en meses recientes, el progreso ha mostrado grietas, con el desplome de los flujos comerciales y la caída de los índices de manufactura desde Asia hasta Europa.

En Estados Unidos, la Reserva Federal (FED) está considerando actuar más pronto que tarde mientras decide si hay justificación para una reducción de las tasas. Investigaciones recientes sugieren que actuar rápido y con decisión podría ser la mejor defensa del banco central.

Los funcionarios de la FED aseguran que están preparados para revivir los programas de compra de bonos a gran escala a fin de reanimar la actividad económica cuando llegue la siguiente crisis.

Aunque en comparación la FED está en mejor estado porque ha elevado los niveles mínimos que tenían sus tasas —entre 2,25% y 2,5%—, esto la deja tan solo con la mitad de la capacidad para reducir los costos de los préstamos que tenían los encargados de formular las políticas en 2007. El presidente de la FED, Jerome H. Powell, ha comenzado una revisión de un año para ver cuáles son sus opciones. “Tener bajas tasas de interés en verdad reduce las herramientas existentes de los bancos centrales”, comentó.

Los funcionarios de la FED aseguran que están preparados para revivir los programas de compra de bonos a gran escala a fin de reanimar la actividad económica cuando llegue la siguiente crisis. El banco central también está contemplando nuevas estrategias para políticas que podrían mantener las tasas a la baja durante un periodo más largo después de una recesión. Investigaciones recientes sugieren que ese tipo de políticas habrían tenido beneficios si se hubieran aplicado después de la recesión de 2008.

Japón es ejemplo de que la sola disposición a actuar no garantiza el éxito. Haruhiko Kuroda, gobernador del Banco de Japón, ha quitado todos los frenos para reforzar la economía del país: reducido las tasas hasta llevarlas a territorio negativo y comprado deuda gubernamental y acciones en un intento por respaldar los mercados y avivar la confianza. El gobierno ha ayudado gastando sin reparos para estimular la demanda; sin embargo, la inflación permanece estancada por debajo del objetivo, lo cual aumenta el riesgo de una deflación total si se debilita el crecimiento.

Los líderes de los bancos centrales cada vez advierten con mayor frecuencia que su capacidad de acción será limitada sin la ayuda de las autoridades fiscales.