Por: Neil Irwin.   7 mayo
Durante años, la economía mundial se ha quedado atrapada en una rutina de inflación baja y tasas de interés bajas. Sin embargo, los últimos cambios en los mercados del mundo sugieren que esto podría estar finalmente por terminar.
Durante años, la economía mundial se ha quedado atrapada en una rutina de inflación baja y tasas de interés bajas. Sin embargo, los últimos cambios en los mercados del mundo sugieren que esto podría estar finalmente por terminar.

Durante años, la economía mundial se ha quedado atrapada en una rutina de inflación baja y tasas de interés bajas. Sin embargo, los últimos cambios en los mercados del mundo sugieren que esto podría estar finalmente por terminar.

La evidencia no es definitiva. Podría ser un falso amanecer, una situación que ha sucedido un par de veces en los años recientes. No obstante, pongámoslo de esta manera: si la economía mundial estuviera saliendo de su estancamiento de baja inflación, el escenario sería muy parecido al actual.

En días recientes, la tasa que debe pagar el gobierno estadounidense por pedir dinero prestado durante dos años llegó a su nivel más alto desde 2008, y el martes 24 de abril el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años fue superior a 3% por primera vez en cuatro años. Apenas en septiembre, esa tasa era cercana al 2%.

Se puede apreciar un patrón similar en los precios de los bonos de otras naciones avanzadas. Por ejemplo, el miércoles el rendimiento de Alemania a 10 años llegó a 0,64%, en contraste con el 0,31% de septiembre.

Si en verdad fuera el inicio de una reconfiguración de la inflación y de las tasas de interés hacia niveles más normales en términos históricos, en general serían buenas noticias para la economía mundial. Los bancos centrales han pasado años intentando llevar, sin éxito, la inflación al rango de 2% que muchos buscan alcanzar.

En muchos sentidos, las tasas de interés bajas de años recientes han sido un reflejo de la debilidad económica en todo el mundo. Así que, siempre y cuando no vayan demasiado lejos, los aumentos en la inflación y las tasas de interés será una señal de que la economía mundial está regresando a un equilibrio más próspero, como el que prevalecía antes de 2008.

Crecimiento sólido

Al parecer, la razón principal del cambio es un aumento en las expectativas que tienen los inversionistas respecto de la inflación futura. En Estados Unidos, los precios de los bonos protegidos en contra de la inflación implican que los inversionistas esperan que los precios al consumidor se eleven 2,09% al año durante los próximos cinco años, una cifra superior al 1,65% que se esperaba en septiembre.

Eso, a su vez, en parte refleja un alza aguda en los precios del petróleo durante el mismo periodo, lo cual es probable que eleve los precios al consumidor de la gasolina y otros combustibles en los meses por venir.

Sin embargo, resulta sorprendente que las expectativas de inflación también han subido para el periodo de cinco años entre 2023 y 2028, cuando el impacto del alza reciente de los precios del petróleo ya habrá pasado mucho tiempo atrás.

Este cambio involucra varios factores. Por primera vez en una década, el crecimiento económico es sólido en casi todas las principales economías del mundo, lo que significa que debería haber más presión sobre la demanda de todos los tipos de materias primas.

Además, debido a que Estados Unidos está alcanzando el pleno empleo (o se podría argumentar que ya lo logró), la Reserva Federal tiene más confianza de la que había tenido en años en cuanto a sus intenciones de seguir aumentando las tasas de interés.

Las políticas del gobierno de Trump también podrían tener algo que ver en esto.

Las nuevas reducciones tributarias y legislación de gastos darán como resultado cientos de miles de millones de dólares más de lo que se esperaba hace no mucho tiempo en bonos del Tesoro a emitir en los años por venir. Esto quiere decir que el gobierno tal vez tenga que pagar tasas de interés más altas para encontrar compradores de esa deuda.

Y si las amenazas de una guerra comercial con China u otros países se vuelven realidad, habrá una tendencia al aumento de la inflación, lo cual elevará los precios de manera directa por medio de nuevos aranceles a los productos importados y de forma indirecta al fomentar una producción menos eficiente.

Todas estas fuerzas están luchando con presiones muy antiguas que van en otra dirección y que han estado presentes desde hace una década, cuando ocurrió la crisis financiera mundial. Esto incluye una escasez crónica de la demanda de bienes y servicios, y la reducción del crecimiento de la población en edad de trabajar en muchos países ricos.

Ya había habido situaciones engañosas en los mercados de bonos y de productos básicos, como sucedió en la segunda mitad de 2013 y en los meses anteriores y posteriores a la victoria del presidente Donald Trump en las elecciones de 2016. Esta podría ser una situación similar y revertirse pronto.

Repercusiones en Wall Street

Mientras tanto, el aumento en la volatilidad de los mercados de valores que se ha dado en los últimos meses podría percibirse como una consecuencia de esta disputa entre las fuerzas de inflación y las de deflación, entre las tasas de interés altas y las bajas, y entre una economía mundial que forcejea con los límites de su capacidad y una que sigue trabajando en medio de una sobreoferta crónica.

Cuando se dispararon las tasas del Tesoro a largo plazo, cayó el mercado bursátil, mientras los inversionistas intentaban evaluar las consecuencias de este entorno de tasas más altas para las acciones.

Después de nueve años de expansión económica y precios elevados de las acciones, el mercado se valora de forma profusa en relación con las ganancias. En la actualidad, cada $100 invertidos en el S&P 500 genera tan solo $4,78 en ganancias, de acuerdo con el precio de cierre del martes. Ese rendimiento bajo podría tolerarse cuando el dinero invertido en un bono del Tesoro, que es muy seguro, o incluso en una cuenta de ahorros, genera rendimientos muy bajos.

Un crecimiento económico más alto que provoca tasas de interés más elevadas podría ser una dinámica con la cual los inversionistas bursátiles no tengan problemas, puesto que a mayor crecimiento debería haber más ganancias corporativas. Sin embargo, si las presiones inflacionarias son lo que modifica las tasas, entonces es una historia diferente, y de pronto las conjeturas detrás de los precios muy elevados de las acciones podrían quedar en duda.

A manera de recordatorio: a inicios de febrero, la volatilidad de los mercados bursátiles se disparó después de la publicación de datos nuevos sobre los salarios que sugerían que las presiones inflacionarias podrían estar en aumento, lo cual podía provocar que la Reserva Federal aumentara más rápido las tasas de interés.

A corto plazo, hay muchos elementos que pueden dar forma a los mercados, ya sea el “trading” algorítmico, una serie de malas noticias sobre una empresa importante o un tuit presidencial.

No obstante, a largo plazo, los fundamentos económicos son fuerzas poderosas. Además, si en realidad estamos en un punto de inflexión hacia algo más parecido al entorno de inflación y tasas de interés que había antes de 2008 —una condición aún muy incierta—, el impacto lo resentirá casi todo el mundo, no solo la gente que tiene dinero para invertir.

RECUADRO: Por primera vez en una década, el crecimiento económico es sólido en casi todas las principales economías del mundo, lo que significa que debería haber más presión sobre la demanda de todos los tipos de materias primas.