Por: Jim Tankersley.   7 junio
Trump planea imponer una tarifa del 5% a todos los bienes importados desde México a partir del 10 de junio. Sostiene que el impuesto
Trump planea imponer una tarifa del 5% a todos los bienes importados desde México a partir del 10 de junio. Sostiene que el impuesto "aumentaría gradualmente" hasta que el vecino del sur detenga el flujo de inmigrantes indocumentados.

Se suponía que los aranceles del presidente Donald Trump al acero y al aluminio importados revitalizarían a los productores estadounidenses y pondrían en desventaja a los competidores extranjeros. Lo que ocurrió demuestra los riesgos de usar la política comercial para revivir a las industrias en apuros.

Los aranceles, que entraron en vigor hace un año, han dado lugar a un puñado de inversiones domésticas y a la reapertura de unas pocas plantas que no producían. Además, la industria metalúrgica ahora tiene unos cuantos miles de empleos más.

Sin embargo, los aranceles también han obligado a los estadounidenses a pagar más por el acero y el aluminio que otros consumidores en el mundo. Las empresas estadounidenses y extranjeras que operan en Estados Unidos han batallado para sortear un complejo proceso gubernamental para conseguir los materiales que necesitan para fabricar sus productos.

De manera abrupta, Trump eliminó los aranceles a las importaciones de Canadá y México, disminuyendo la cantidad de metales importados sujetos al impuesto de un 25% al acero y del 10% al aluminio. Los aranceles siguen vigentes para las importaciones de rivales geopolíticos como China y Rusia, así como aliados como Europa y Japón. No obstante, los analistas sugieren que, en la práctica, su poder para reequilibrar la producción mundial, a fin de favorecer a los trabajadores estadounidenses, ha llegado a su punto máximo.

A Trump no le parece que sea así. En repetidas ocasiones se ha vanagloriado de que sus aranceles revivieron industrias obreras icónicas. “Para proteger nuestra seguridad nacional, también impusimos un arancel del 10% al aluminio extranjero y de un 25% al acero extranjero”, declaró ante una multitud en Pensilvania hace poco, “y lo que eso ha hecho por nuestro aluminio y acero en este país es increíble”.

Las estadísticas y precios de las acciones sugieren una historia mucho más complicada: las acciones de los más grandes productores de acero y aluminio de Estados Unidos han caído durante el último año. Hay menos empleos en la producción de aluminio en Estados Unidos que hace un año, mientras que las acereras han añadido solo unos cuantos miles de empleos. En abril de este año, había 381.000 estadounidenses trabajando en la industria de los metales primarios, que incluyen el acero y el aluminio. Eso es un aumento de un 1,2% en relación con los 376.400 trabajadores del año pasado, pero una disminución en comparación con los 398.000 de abril de 2015.

La producción de acero apenas aumentó en comparación con el año pasado. Por otra parte, aunque ahora se produce más aluminio, la producción sigue siendo más del 40% menor de lo que era en 2015. Estados Unidos produjo 890.000 toneladas métricas de aluminio en 2018, apenas un poco más que Islandia, mucho menos que Noruega y menos del 3% de la producción de China.

Los ejecutivos de productores extranjeros de metales, quienes se supone se llevarían la peor parte de los aranceles estadounidenses, dicen que las tasas de Trump han sido principalmente una molestia e, irónicamente, un obstáculo para sus operaciones en Estados Unidos. Estos ejecutivos afirman que los aranceles no han cambiado el paisaje competitivo del comercio de aluminio ni del acero a nivel mundial.

Más caro

“El principal efecto en los mercados parece ser que el aluminio se está volviendo más caro para el consumidor estadounidense” en relación con los consumidores de otras partes del mundo, mencionó Kathrine Fog, directora de estrategias corporativas y análisis del gigante noruego del aluminio Norsk Hydro, en una entrevista en la sede principal de la empresa en Oslo.

Desde que Trump impuso aranceles a los metales de sus socios comerciales la primavera pasada, los precios del aluminio en todo el mundo han disminuido casi un 20%. Eso se atribuye en gran medida a las fundidoras apoyadas por el gobierno de China, que introdujeron una oferta adicional al mercado global, así como a la caída en la demanda de aluminio en Europa y en otras economías importantes. Los costos de producción también disminuyeron en todo el mundo.

Los precios del aluminio en Estados Unidos han caído considerablemente menos, alrededor de un 9%, según los datos recabados por Harbor Aluminum, una firma de análisis de la industria. El recargo que pagan los consumidores estadounidenses por el aluminio, comparado con lo que otros pagan en el mercado global, se ha duplicado desde que la administración comenzó la investigación gubernamental en 2017 que en última instancia autorizó los aranceles al metal. Hoy, los fabricantes estadounidenses que usan aluminio en sus productos pagan un 22% más por el metal que sus competidores internacionales, incluyendo industrias en países como Noruega y Canadá.

Hydro ofrece una visión inusualmente clara de los efectos de los aranceles, porque compite contra empresas estadounidenses, pero también opera una serie de plantas de extrusión en Estados Unidos, que convierten aluminio fundido en partes especializadas para fabricantes de autos y otras industrias.

Noruega es el mayor productor de aluminio de Europa, con ayuda de su barata y abundante energía hidroeléctrica, como lo muestra la cascada que fluye hasta el fiordo de Holmestrand, la cual provee de electricidad a la fábrica de laminados que ha operado durante más de 100 años.

“Para proteger nuestra seguridad nacional, también impusimos un arancel del 10% al aluminio extranjero y de un 25% al acero extranjero”, declaró Trump ante una multitud en Pensilvania hace pocos días.

El único daño que hicieron los aranceles a Hydro se ha dado en sus plantas estadounidenses, que han batallado para conseguir el metal primario y a menudo importado que necesitan para fabricar las aleaciones especializadas para clientes industriales. Esas plantas no son productoras primarias de metales, como muchas de las demás operaciones de Hydro en el mundo, sino que compran aluminio como un ingrediente para sus aleaciones, lo cual significa que están pagando precios más elevados en el mercado estadounidense por las materias primas.

La empresa tuvo que pagar $7 millones más el año pasado para importar aluminio de una de las fundidoras de Hydro en Canadá para una planta de extrusión en Estados Unidos, por ejemplo. Asumió las pérdidas. En otros casos, los ejecutivos de Hydro dicen que quienes han pagado directamente el precio más alto por el aluminio primario han sido sus clientes, algunos de los cuales se encuentran fuera en Estados Unidos, y que han sufrido por ello.

“Definitivamente perdimos negocios debido a los aranceles”, comentó en una entrevista telefónica Charles Straface, quien dirige las operaciones de extrusión en América del Norte de Hydro. “La empresa se mudó al país donde está el cliente”, agregó.